el cuento de poesía y verdad

avanzaba, vacilando en su especie, de sangre que viaja por el aire, memoria que existe como los árboles en el campo que tan solo hay que saber ver, el suelo, artesanía de gigantes, el camino era largo con todos sus avatares incluidos, se movían rápido los extremos, de la carta astral tapada por un blanco de nube inmóvil, solidificada, solo sabemos que no le importa, ni ya ni nunca, tener alas, que sus ojos quizás ciegos no ven que se avecina como un meteoro, la muerte aún no dada, ignorada por todos, después de tanto andar, un musgo azul con su agua aquí, tierra civilizada y salvaje, cuando por fin la carne y el hueso aplastaron su abdomen, sus dientes hincaron sus reflejos de grano de arena en el mar de la lucha que late, era, tan así, otra hormiga, y dije -algo me ha herido-, tuerzo la pierna del transito y veo, en la planta rosa apenas, un cuerpo negro, que espanto de su ya quietud última (hasta ser viento) con mi mano de poeta, y este poema había nacido.