Singularidad Cósmica


 

 para Andrés

Las luciérnagas no son estrellas
que se escapan
como una carcajada en medio de la noche.

Las palabras son pájaros que
el viento arremolina
y los ojos como péndulos locos
tatúan lo que pescan.

Así,
va creciendo la panza,
las orejas se vuelven moradas,
la masa se hace galleta.

Descuidos fundamentales, la lengua
ardida en falsas ecuaciones
de agua y fuego, y fuego y agua.
No sabremos
remontar vuelo
hasta pasada la edad de la bestia.

Déjame responder, dijo,
y la pregunta nunca existió.
Vamos talando caminos
y seguimos
en el mismo piso
de tierra y planta.

Así,
va sumando cielos el humo,,
sabemos cada vez menos,
y el pelo sigue creciendo.

La eternidad es una puerta
cerrada,
con llave.


No suspires

Suelta el sedal como un suspiro largo
recoge lo que la vida sembró
en el fondo de un corazón acuático.

No suspires, no suspires,
dice el pez suspirando,
que de suspiros ya tengo llena el alma,
por el amor
de una bella dama en aguas.

Suspira, suspira,
dice ella desde sus ojos negros,
(su deseo es dejarte sin aire).


El ocaso realmente

mamá, los señores de la gomería
me gritan cosas, se me cagan 

de risa

El ocaso, realmente
el ocaso

sombras que te comen
que te intentan
comer
las sombras
el brillo sin vida
de un humor
tan
como una chispa oscura
como un agujero negro
como un pozo de las almas perdidas
ese vacío
esos niños que no saben reír
si destruir
sin destruir lo que les causa gracia
gracias
prefiero
mirarte con mi honda pena
mi honda pena de saber
mi honda pena
inofensiva
que solo
se deja
como en un teatro macabro
el payaso que llora