la puerta blanca

Vamos como volando, soltando el aire que ya fue soltado
con unos ojos que ya son anclas del destino que siempre corre
igual al viento, que no existe si está quieto

una marejada de palabras que me hunden en lo que puedo llamar mi pozo
y no sé a quién pedirle que me ayude con la carga, de tanto vacío

hay ideas que no volveré a intentar, pero, todavía no dí con la puerta blanca
esa, tan general, tan común, tan conocida
y yo acá, pensando (es esta mi perdición) que las estrellas me dirigen por un camino
que realmente es un camino
o no
o no sé

el silencio como una llama de fuego que oscurece
siento el balazo en la espalda arder, otra vez
y recuerdo ese hijo
y escribo novelas rápidas de mi vida, que no creo
y escucho palabras mías, que no sé si son mías, y a veces sí, parece, y creí
que esto ya estaba
solucionado

dónde está el interruptor de la luz, dónde está la puerta blanca, cual es la verdad?
o es también viento? y mañana me pinto el pelo de verde?

Como un otoño dentro

virus, con forma de hoja amarillentada
por los torrentes de río de agua cansada
bulliciosa, en voces que chocan y no logran
                                           ni una nota
los párpados quieren cerrarse, como kioskos enmohecidos
en el precipicio del olvido

Un mes esperando el abrazo que nunca llegó

Dicen que los embarazos duran nueve meses porque nueve son las lunas que se precisan para cargar de suficiente luz lunar un cuerpo humano para que funcione como es debido... éste fue solo un mes, un mes a la vez largo, a la vez corto, de acuerdo al punto de vista del observador. El trabajo andaba bien, fluía, no hubo inconvenientes mayores (me quedé sin grampas un día, subieron el precio de las resmas y tuve que sacar más efectivo...). Fue un lunes, por la tarde, él andaba de ojotas, el calor azotaba las calles, nos encontramos sin querer, por alguna de esas ideas de los dioses, nos sentamos en un café entre sonrisas. Nos pusimos al corriente bastante rápido y el resto fue hablar de nuestros proyectos, yo tenía un muñeco que no había podido terminar a pesar de haber tenido tiempo y no pudimos encontrar la razón alguna para tal descuido, él pensaba irse de viaje, sin fijar fecha de regreso. Creo que no vimos casi a otros amigos esos días, fue como un pequeño contrato de exclusividad. Pero algo no cerraba, debo aclarar. Él, aunque cercano, era distante, podía verlo en sus ojos, en sus movimientos, llegó un punto en el que era tan evidente para mi que ya no sabía qué decirle, me sentí sola en su compañía y recordé aquellos versos: "Solía pensar que la peor cosa en la vida era terminar solo. No lo es. Lo peor de la vida es terminar con alguien que te hace sentir solo"*. Desde el principio me pareció raro que no nos abrazáramos ese día que nos vimos después de tanto tiempo y ningún otro día de los que siguieron, era nuestro ritual digamos. Un mes esperando el abrazo que nunca llegó, él nunca llegó, y así como nunca llegó, nunca se fue.

*Frase de Robin Williams

(dedicado e inspirado por Diana Faiad)

La muerte de la nada

todo hombre cuerdo tiene una conexión con la vida
yo no la tengo
yo no amo
soy un maldito infeliz
no estoy perdido, soy un perdido
la pregunta que me plantéo es
si alguna vez fue diferente esto...?
si solo soy despojos, el esqueleto sin músculo?
soy la nada misma
solo la muerte me intriga
porque la muerte de la nada
es el nacer a la vida.